sábado, 25 de abril de 2015

JARDIN ZEN

 La filosofía Zen tiene como objetivo la expansión de nuestra conciencia; el hombre físicamente camina en el elemento tiempo, pero en ocasiones, es como si atravesara un espeso lodo, que le hace arrastrar sus pies. El Zen nos enseña, que debemos comprometernos y reconocer los pasos que nos llevan a progresar hacia un entendimiento, que nos acerca a la supuesta distante iluminación. Cuando escuchamos nuestra voz interior, podemos percibir nuestra esencia, nuestros sentidos internos se fusionan y nos damos cuenta de, lo que no percibíamos antes, pero estaba frente de nosotros todo el tiempo.
El Jardín Zen representa el camino de la vida, constantemente lleno de cambios, brillo y oscuridad, sombra y luz. 
Consta de un recipiente circular o rectangular, un rastrillo pequeño de madera, arena (simboliza la plataforma sobre la cual existimos, recicla y transmuta la energía a través de su magnetismo), 8 rocas (representan los obstáculos y tropiezos, que enfrentamos a lo largo de nuestra vida) y un cristal de cuarzo (recibe, almacena y transmite energía positiva, sensación de armonía y equilibrio).
Nos da la oportunidad de cambiar constantemente, a través de las formas; las 8 rocas representan los 8 senderos de la sabiduría, por los que el hombre tiene que atravesar para llegar a la iluminación. Estos son: la fuerza de voluntad para todo lo que necesitamos hacer, la misericordia en nuestros actos y pensamientos, la creación para llevar a cabo las cosas sin dejarlas a medias, la belleza (externa e interna) siguiendo el ejemplo de la naturaleza, la tolerancia para ser pacientes y respetuosos hacia todo lo existente, el perdón para comprender que nadie es perfecto, la formación para estar atentos para recibir los mensajes y el conocimiento para actuar con humildad. 
Una vez que se recorren estos senderos, se llega al noveno que es el cuarzo (la luz del entendimiento). Estas nueve puertas, son las que tenemos que abrir, cuando buscamos en nuestro interior, en qué etapa nos encontramos y cómo hemos guiado nuestros actos.
Nos permite descansar nuestra mente y concentrarla en un solo punto, tranquilizar la ansiedad, la angustia y los miedos. Podemos cambiar su forma infinidad de veces, alisando la arena, retirando las rocas, colocando nuevos elementos como símbolo de las nuevas oportunidades para continuar en nuestro sendero.Es un reflejo de nuestro Jardín Interior, en la búsqueda del equilibrio, la armonía y la paz interna.

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